Paula Wegman

“Hay que sortear prejuicios y ayudar por el simple hecho de ayudar”

Los días de Paula Wegman transcurrían con normalidad recorriendo las mismas calles para llegar al trabajo y con una situación que se repetía: José durmiendo todas las noches en la puerta de un gimnasio. Un día la duda pudo más que la indiferencia y los prejuicios, y ahí todo cambió para la vida de ambos. Conocé la historia de Paula en esta nota.

¿Cómo comienza tu historia con José?

Hace dos años empecé a trabajar por la zona de Colegiales y todos los días me lo cruzaba porque iba al trabajo caminando, siempre pasaba por donde él dormía. Siempre a la misma hora lo veía en su colchón y con el paso de los días empezamos a saludarnos mutuamente. Esto fue así por algunas semanas hasta que una vez le pregunté el nombre y me presenté, fue todo muy gradual. Un día le ofrecí algo de comer, otra vez una frazada y así fue dándose el vínculo. Una noche de regreso a casa lo vi con unas heridas y unas vendas porque habían entrado a robar en el lugar donde dormía. Por suerte los chicos de un gimnasio del barrio lo curaron y lo estaban cuidando. En esa ocasión le di una Sube para que pueda ir al hospital pero a los pocos días me contó que nunca fue porque le daba vergüenza viajar en transporte público.

¿Te fuiste involucrando cada vez más con él?

Sí. Muy lentamente. Un día le pregunté por su historia, porqué había llegado ahí y con eso empezó con más intensidad el asunto, me contó su historia de familia y de vida. Yo no quería meterme en su historia personal porque me parecía que era su intimidad, pero un día le pregunté si había alguien con quien quisiera contactarse, me nombró a su hermano y me dio el nombre completo para tratar de encontrarlo. Le pregunté si podía publicar una foto de él en Facebook y contar su historia y no tuvo problema. Así fue que le saqué una foto y lo subí en modo público a mi cuenta. Fue una publicación que se compartió muchísimo, llegó a compartirse 1500 veces. Fue bastante impresionante. Aun así, pasó un año hasta que me contactó una persona por Facebook que me comparte una publicación de quien resultó ser la mamá de José. Había publicado en un grupo que se llama “¿Dónde estás?” y estaba buscándolo con nombre, apellido, foto y DNI. Esa publicación me la compartieron tres personas distintas en el mismo día.

Después de todo un año la gente se acordaba de tu publicación. ¿Qué hiciste en ese momento?

Al ver eso quise contactarme con José inmediatamente, pero pasaron varios días en los que no coincidimos y no nos encontramos. Finalmente lo encontré con sus amigos, y le conté que su mamá lo estaba buscando. Esta situación lo tomó por sorpresa y estaba en shock, así que quedamos en encontrarnos y llamarla juntos. Paralelamente yo me comunicaba con Mónica, su madre, que estaba desesperada desde Córdoba, con mucha ansiedad y euforia. Al día siguiente fui a buscarlo pero José no estaba su mejor condición para hablar. Yo supe entender que él estaba lidiando con muchas emociones juntas al mismo tiempo. Desde afuera se vive muy diferente, pero para él era enfrentarse a algo que cambiaba toda su vida.

¿Cómo te sentías vos con respecto a esta situación?

El objetivo siempre fue ayudarlo, darle una mano y que encuentre a su familia, pero en el proceso me fui encontrando con una historia detrás. Me ofrecí incluso a poner los medios para que su madre pudiera venir a buscarlo, o para que José viajara hacia Córdoba, pero me di cuenta que no podía forzar un encuentro que no me correspondía. Por eso nuevamente le ofrecí los medios pero le aclaré que los podía utilizar cuando él estuviera dispuesto.

¿Cómo era la actitud de José sabiendo que el reencuentro con su mamá estaba cada vez más cerca?

Al principio estaba dubitativo. Nos seguíamos viendo todos los días hasta que una noche lo convencí de que llamáramos juntos a su mamá. La conversación telefónica entre ellos dos fue un momento re emocionante, yo no escuchaba bien lo que decía ella, sólo que gritaba y lloraba. Me di cuenta que José sabía ese número de teléfono de memoria, pero tal vez necesitaba ese empujón de afuera que lo anime a tomar el primer paso y recuperar este vínculo. Habían pasado cosas que le hicieron creer que quizá él merecía estar en esa situación de calle, y de alguna manera necesitaba que alguien le dijera que él podía salir de ahí y casi naturalmente ese lugar lo fui ocupando yo.

 

¿Qué pasó después de esa conversación entre Mónica y José?

Empezamos a coordinar para que él pudiera viajar pero como no tenía documento los trámites eran súper complicados, necesitábamos hacer un montón de papeles. En primer lugar hicimos la denuncia de extravío, y después llamé a algunas empresas de transportes para comprar el boleto hacia Córdoba y en una de las empresas me aceptaron la reserva telefónica aunque quedaba sujeta a la entrega del DNI. Finalmente organizamos para que pueda viajar y un amigo me acompaño para que lo vayamos a buscar y lo llevemos a Retiro. En el trayecto hacia Retiro la charla fue muy interesante porque íbamos hablando de su vida y los proyectos que tenía para cuando llegara. Llegamos a Retiro y yo estaba súper nerviosa, fuimos a cenar mientras esperábamos la hora de partida y cuando llegó el momento sólo le pidieron el pasaje y subió al colectivo como si nada. Ya cuando lo vimos dentro del colectivo pude relajarme. Sentí mucha emoción, no lo podía creer. Enseguida llamé a Mónica y me contó que estaban todos esperándolo. Al día siguiente me escribió la mamá contándome que había llegado bien, me mandó fotos de él con su familia y al tiempo me contó que José había conseguido trabajo, así que todo muy bien.

¿Qué te dejó esta experiencia en lo personal?

Una experiencia así te cambia, te hace salir de la zona de confort, te demuestra que hay que sortear prejuicios, que hay que ayudar por el simple hecho de ayudar. Creo que si todos hiciéramos este tipo de acciones, por muy pequeñas que sean podrían cambiar muchas cosas.